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¿Cómo es el día a día de los astronautas en la Estación Espacial Internacional?

Los inexcrutables caminos del entretenimiento

Analizamos qué nos depara el futuro de las series y descubrimos en qué se trabaja ya en los principales estudios

La llegada del hombre a la Luna

La conquista de la Luna ha sido sin duda uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX y uno de los más destacados de la historia de la humanidad. Sin embargo, prácticamente desde que los astronautas estuvieron de regreso en la Tierra, ya hubo quienes pusieron en duda la veracidad de aquella misión y de las imágenes que se habían emitido alegando un amplio repertorio de suposiciones y conjeturas. Por David Martín

En este dossier especial vamos a intentar exponer todas esas explicaciones, pero para entender estos argumentos, primero tenemos que comprender la situación histórica y el contexto político que se vivía en aquel momento. ¿Qué ocurría en el mundo en el verano de aquel mítico 1969?


El Conflicto

Nos situamos en plena Guerra Fría. La rivalidad entre la desaparecida URSS y los EE.UU. es creciente y se extiende a todos los ámbitos, incluida la carrera espacial. El afán por mostrarse a los ojos del mundo como la primera potencia les embarca en una carrera sin descanso en la que no es suficiente con conseguir un simple paseo espacial o un viaje de ida y vuelta a la Luna, además hay que hacerlo antes que el rival. Ambos países invierten ingentes cantidades de dinero en desarrollar sus programas espaciales, reunen a las mentes más brillantes del mundo y se embarcan en una serie de experimentos secretos de los que esperan conseguir la fórmula perfecta que los convierta en los dueños del espacio.

El primer asalto supone un duro golpe para los EE.UU. ya que el 4 de octubre de 1957, los rusos consiguen poner en órbita el satélite artificial Sputnik, una esfera de aluminio de poco más de medio metro de diámetro y 83 Kg. de peso apenas equipada con dos medidores de temperatura y uno de electrones, pero que se convirtió en el primer ingenio humano en situarse en órbita alrededor de nuestro planeta.


El intento de recuperación de los americanos consiste en el lanzamiento del Vanguard I, lo cual terminará en un estrepitoso fracaso al desplomarse el lanzador a pocos metros del suelo. Mientras, los rusos envían a la perrita Laika al espacio, convirtiéndola en el primer ser vivo terrestre en realizar con éxito este viaje y en la primera víctima mortal de la carrera espacial aunque no se ha llegado a determinar con fiabilidad el tiempo que pudo aguantar el animal en esas extremas condiciones.

Poco después, el 12 de abril de 1961 los rusos conseguirán situar a Yuri Gagarin en una órbita entre los 181 y los 327 kilómetros de altitud sobre la superficie terrestre durante 108 minutos. Por si esto fuera poco, en 1966, la Lunik 2 soviética retransmite las primeras imágenes directas de la superficie lunar tras conseguir alunizar.

Tras esta racha de derrotas y desilusiones los americanos toman la determinación de jugárselo todo a una sola carta. En un mensaje televisado, el presidente Kennedy promete al pueblo americano que centrarán todos sus esfuerzos en lograr enviar un hombre a la Luna.

Primeras hipótesis

Con una meta aparentemente tan lejana, tenían que cubrirse bien las espaldas en caso de producirse otra catástrofe. Son múltiples las hipótesis que apuntan a que el gobierno de EE.UU. pudo acudir a unos estudios de Hollywood para grabar una escenificación del alunizaje que sería emitida en caso de que la misión real fuera otro fracaso.

Sin embargo, muchos entendidos de la cuestión aseguran que apenas podían tener algún dato descriptivo del punto exacto donde iban a alunizar, y aunque lo hubiesen tenido, los ordenadores de que se disponía apenas tenían 64Kb de memoria. La tecnología de la época no estaba suficientemente desarrollada como para llevar a cabo semejante montaje.

En la Luna


Otro motivo de polémica se sitúa en lo referente al tiempo de permanencia de los astronautas en la Luna. En un principio se prevía una estancia de tres días en nuestro satélite, y el paseo lunar del que se tienen imágenes apenas dura un par de horas. Además, es motivo de sospecha el tiempo que permanecieron los astronautas en el módulo lunar antes de comenzar la exploración, nada menos que 7 horas. Del mismo modo, el regreso a la Tierra se adelantó a las 21 horas después del alunizaje.

Las versiones oficiales apuntan a que una vez allí, los astronautas tuvieron dudas sobre si la superficie lunar podría aguantar sus pesos sin hundirse, pero no deja de ser irónico que se hiciesen esta pregunta cuando la misma superficie había aguantado el peso del módulo lunar con ellos en su interior.


Las fotografías de la polémica

> La bandera que ondea: La Luna carece de atmósfera, es un recóndito paraje en el que no existe ninguna factor capaz de producir una como la que se nos ha mostrado en los documentos difundidos a lo largo de la historia. Desde NASA se asegura que al no existir viento, ni ningún otro factor que ofrezca una fuerza de oposición al movimiento, esa bandera aún hoy seguirá ondeando desde que en un principio comenzó a hacerlo cuando fue clavada en el suelo, puesto que ya sabemos que en el espacio cualquier movimiento es eterno. Sin embargo, esto no es del todo exacto, puesto que la mínima gravedad existente en nuestro satélite habrá terminado por detener ese movimiento ondulatorio.

> Ausencia de Estrellas: ¿no resulta sospechoso que en las fotografías que se conservan no aparezca ni un solo punto luminoso en el firmamento, en un lugar sin atmósfera ni gases contaminantes.

La NASA alega que debido a los fuertes reflejos que producían tanto los trajes de los astronautas como el suelo lunar se vieron obligados a utilizar unas lentes especialmente pensadas para solventar ese problema. Esta explicación parece evidente, salvo que conozcamos el uso de las lentes en fotografía y cómo ciertos cambios como el citado, pueden afectar a la calidad de la imagen obtenida, cosa que no ocurre en las citadas fotografías en las que se puede distinguir claramente la palabra "UNITED STATES" en la bandera estadounidense en zonas que deberían aparecer sombreadas.

> Sombras que se cruzan: En gran parte de las fotografías publicadas, observamos que las sombras no aparecen de forma paralela, cosa completamente imposible ya que las misiones lunares nunca tuvieron otro foco de luz además del Sol y este solo crea sombras en una dirección. En este ejemplo en concreto vemos que, además de cruzarse, una sombra incluso es más prolongada que la otra, lo que resulta impensable ya que el Sol se encuentra a la misma distancia de ambos astronautas.

> Idéntico relieve lunar en fotografías distintas: Podemos observar en fotografías pertenecientes a los distintos viajes, accidentes geográficos absolutamente idénticos, lo que es completamente imposible ya que cada expedición se realizó a una zona distinta del astro.

> Marcador insertado de la imagen: En varias fotografías vemos que el marcador de la cámara ha quedado por debajo de la imagen, lo cual es del todo imposible ya que sólo se podría dar este hecho si se hubiera pegado "algo" sobre una fotografía. Recordemos que dicho marcador es una cruz que nada tiene que ver con la imagen y que sólo sirve para lograr un correcto encuadre.

Es lógico que después de todas estas evidencias a muchos les surjan dudas. Otros, puede que se mantengan fieles a las teorías oficiales. Lo que está claro es que la polémica está servida y aquí hemos intentado poner sobre la mesa todos los datos posibles para que nadie quede indiferente. ¿Realmente llegó el hombre a la Luna? ¿Fue todo un montaje rodado en algún estudio perdido en medio del desierto? Y de ser así, ¿conseguimos llegar en algún otro momento? Muchas son las preguntas y aún más numerosas son las posibles soluciones. ¿Se desvelarán nuevos datos con las futuras misiones anunciadas por EE.UU?
Seguiremos informando.

Expediente Toplitz: camino del IV Reich

¿Pudo Adolf Hitler sobrevivir al búnker? Y de ser así… ¿son ciertas las hipótesis que sitúan al dictador en algún lugar de la Pampa Argentina? ¿Qué ocurrió con el oro saqueado durante años por las tropas del Tercer Reich? En las líneas sucesivas descenderemos al subsuelo de la historia para encontrarnos cara a cara con la verdad acerca del hombre que marcó el destino de toda Europa. Bienvenidos al búnker… Por David Martín

Los intensos ruidos de los bombarderos habían comenzado a cesar en los últimos días, si bien de vez en cuando los gruesos muros del búnker aún se estremecían por efecto de algún que otro eco sospechosamente cercano. Ahora las horas pasaban lentas, entremezcladas con los sonidos del fuego de artillería que el Ejército Rojo descargaba sin descanso en su continuo e inclemente asalto final al seno del Reich. Las tropas de Zhukov y Koniev habían emprendido su implacable avance a sangre y fuego por las calles de Berlín, penetrando en la ciudad como un cuchillo caliente sobre un bloque de mantequilla, abrasando con sus lanzallamas a pie de calle a los cientos de faná ticos que preferían la muerte antes que la rendición. Los cadáveres de los ancianos, niños, funcionarios, policías y escoltas de las SS que formaban la débil resistencia de la capital cubrían avenidas, aceras y portales, tejiendo un macabro tapiz mortuorio que marca el camino de los poderosos carros aliados.

Menos de medio kilómetro por delante de las líneas soviéticas se encuentra su objetivo final. Oculto a una profundidad de quince metros, el hombre que había regido la suerte y destino de media Europa durante los últimos doce años saborea en silencio un plato de pasta con salsa acompañado de sus dos secretarias, Traudl Junge y Gerda Christian, y su cocinera, Fräulein Manzialy.

Es un 30 de abril de 1945. La completa derrota del imperio del Nacionalsocialismo es cuestión de horas. La figura de un Führer que en su día se elevó temible y poderosa sobre los pueblos y ciudades del viejo continente se arrastra ahora con paso fatigoso por las húmedas estancias del búnker que durante los últimos tres meses y medio se ha convertido en su desesperado bote salvavidas. Durante este tiempo, el subsuelo de Berlín ha sido su centro de operaciones, vociferando inverosímiles estrategias con el fin de contener desesperadamente las feroces envestidas de las tropas aliadas. Largos días y noches de planteamientos que poco a poco fueron convirtiéndose en los delirios de un hombre incapaz de asumir que la derrota era ya inevitable. Fuera de sí, ordena a Steiner que penetre desde el norte, a Schoerner que sorprenda a las filas soviéticas por el Sur, a Wenk que avance por el oeste dando media vuelta desde el Elba con su ejército número 12, a Busse que rompa el cerco desde el Este… Pero es demasiado tarde. La mayoría de estas tropas ya no existe o se ha visto reducida a unas pocas decenas de efectivos dispersos.

Contrariamente a esta situación, en el frente soviético, las bajas, aunque numerosas, no constituyen un problema a tener en cuenta. Según estimaciones alemanas, desde que diese comienzo la ofensiva del Oder, el 16 de abril de 1945, hasta el día 22 del mismo mes, cuando las tropas de Zhukov y Koniev enlazaron al oeste de Berlín, su balance de pérdidas rondaba los 100.000 hombres, 1.500 tanques y aproximadamente un millar de aviones. Sin embargo, y a pesar de lo alarmante de estas cifras, llegado este momento la superioridad del Ejército Rojo es tal que supera a los nazis 3 a 1 en hombres, 5 a 1 en tanques, 7 a 1 en artillería y 20 a 1 en fuerza aérea. Además, mientras que el bombardeo de refinerías y estaciones petrolíferas ha ocasionado una grave escasez de carburante en las filas alemanas que ha inutilizado gran parte de la Luftwaffe, los soviéticos cuentan con grandes reservas armamentísticas y de combustible.

Macabro panorama, sin duda, que propicia toda clase de reacciones entre los más cercanos a Hitler. Unos le suplican que huya, que abandone la ciudad y se guarezca en lugar seguro con el fin de reconstruir, una vez terminada la contienda, un imperio en este momento agonizante. Otros, más soberbios, le sugieren que se quede, que permanezca hasta el final en la ciudad y se hunda como los hombres de honor con los restos de su quimera. Pero la decisión está tomada.

Terminada la comida y en completo silencio, el Führer se dirige a sus habitaciones. Tras dar estrictas indicaciones a su ayudante Otto Günsche acerca de la cremación de su cuerpo y del de su esposa, se despide serenamente de sus más allegados. Acto seguido, siempre según las versiones oficiales, se encierra en su despacho privado. Son las 16:00 horas y un solitario disparo retumba bajo las calles de Berlín. Quince minutos más tarde, tal y como marcaban sus instrucciones, Günsche entra en la sala. En un extremo del sofá Hitler yace con un disparo en la sien. Eva Braun se encuentra recostada en el lado opuesto con los ojos abiertos. Su pistola permanece intacta sobre la mesa. No ha llegado a ser disparada, pues el cianuro suministrado por Ludwig Stumpfegger, el médico personal del Führer, ha actuado con suma rapidez.

La leyenda del Führer fugitivo

Como es normal, la historia ha abordado la muerte de Hitler desde muchos y muy diversos puntos de vista. No son pocas las de sobra conocidas teorías que aseguran que el Führer pudo escapar en el último momento de Berlín y refugiarse en algún lugar de Sudamérica donde habría pasado el resto de sus días eludiendo la justicia internacional. Si bien es cierto que tanto los testimonios de su secretaria, Frau Traudl Junge (en el libro Hasta la última hora: la secretaria de Hitler cuenta su vida); como los del historiador y biógrafo Joachim C. Fest; así como la biografía del General Freytag von Loringhoven, quien entre los días 20 y 30 de abril de 1945 residió en el búnker de la Cancillería; coinciden en la versión del suicidio, no son pocos los testigos que afirman haberse topado con extraños submarinos alemanes emergiendo en medio de alguna bahía argentina o con misteriosos personajes de aspecto familiar rodeados de un sospechoso halo de misterio.

Si hacemos caso a estas teorías, deberemos, siempre desde un punto de vista lo más aséptico posible, tratar de atar los cabos necesarios para otorgarlas un mayor o menor nivel de verosimilitud. Es aquí donde salen a nuestro encuentro una serie de escenarios y testimonios cuanto menos interesantes, todos ellos relacionados directa o indirectamente con un macabro plan para salvar los restos del Nacionalsocialismo del avance aliado con el fin de, llegado el momento oportuno, tratar de instaurar un cuarto Reich.

De nuevo nos situamos a finales de abril de 1945. La silueta de una avioneta Fieseler Storch se dibuja levemente entre la bruma que cubre una fría mañana primaveral en algún lugar no muy lejos de Berlín. Minutos más tarde, con el aparato ya en tierra, dos figuras sorprendentemente reconocibles descienden cautelosas por la pequeña escalerilla metálica. Al pie de la misma, el capitán Peter Baumgart, de la Luftwaffe alemana, saluda con el brazo derecho en alto a uno de los individuos quien, visiblemente tembloroso, le devuelve el gesto casi de manera fugaz. La maquinaria está en marcha. Nada puede fallar. El Führer y su esposa han emprendido una huída secreta a través de medio mundo y es vital que todas las piezas del monumental engranaje funcionen a la perfección.

Desde aquí la secreta comitiva pondrá rumbo a Dinamarca, y una vez allí, con la ayuda de Odessa, la organización secreta creada por antiguos miembros de las SS para ayudar a los principales líderes nazis en sus fugas, se dirige al puerto noruego de Kristiandsand. Según la hipótesis más conspiranoica, en este punto le está esperando un submarino cuya ruta a partir del 4 de mayo de 1945 es un hecho históricamente contrastable, el U-977.

Oficialmente, el 13 de abril, el U-977 zarpa del puerto de Kiel, a orillas del Báltico, rumbo a Noruega. El 2 de mayo parte del anteriormente mencionado puerto de Kristiandsand, ignorando dos días más tarde la orden de rendición por parte del gobierno alemán que ponía fin a la guerra. A partir de este momento, la nave pone rumbo oeste recalando en Alemania, España y, finalmente, Argentina. Se cree, de este modo, que el viaje pudo ser aprovechado por Adolf Hitler y su esposa para trasladarse a Sudamérica y allí perderse para siempre en el continente junto con otros antiguos líderes del partido nazi como Martin Bormann, Heinrich Müller o Edward Roschmann.

De hecho, cuando en 1999, el gobierno de Estados Unidos desclasifica los expedientes de Bormann, se descubre que el FBI había seguido su pista y la de Adolf Hitler por Argentina hasta 1971. Pese a que el hallazgo del cadáver del primero no tiene lugar hasta 1972 en las proximidades del río Spree, en Berlín, se cree que su cuerpo pudo ser repatriado en 1970 y enterrado en el lugar en el que oficialmente debía haber muerto el 1 de mayo de 1945. Al hilo de esto, hay que mencionar que, cuando en 1988 se realizan las pruebas de ADN sobre el supuesto cráneo de Bormann y se confirma su autenticidad, se observa al mismo tiempo que está cubierto por una extraña tierra de color rojizo. En las actas posteriores redactadas por el perito alemán que lleva a cabo los análisis se puede leer que, en desde su punto de vista, este tipo de tierra, que no existe en Europa, procede en realidad de algún lugar cercano a Paraguay.

El tesoro de Toplitz

Acertadas o no, estas hipótesis no dejan de entrelazarse unas con otras dando lugar a una especie de historia paralela tan polémica para unos como atractiva para otros. En cualquier caso, lo que sí es cierto es que, bien por mediación de Odessa, bien por el llamado “Pasillo Vaticano”, o por alguna de las diversas asociaciones de ayuda a nazis fugados cuya existencia está más que documentada, muchos miembros del partido nacionalsocialista se dieron a la fuga una vez finalizada la contienda y algunos, aún hoy, residen como ciudadanos corrientes en diversos lugares del mundo.

Pero, si aceptamos sin reservas la versión oficial, ¿qué pasó entonces con la inmensa cantidad de oro y riquezas que durante más de una década los nazis saquearon por toda Europa? ¿Qué hay de cierto en la leyenda que sitúa su gran tesoro sumergido a cientos de metros de profundidad en una fría laguna transalpina? No es de extrañar que en este caso, una vez más, la historia nos tenga reservada alguna que otra sorpresa…

En los Alpes austríacos, a 90 kilómetros de Salzburgo, se encuentra un lugar bautizado por los cazatesoros como el “basurero del diablo”. No sin razón. El lago Toplitz, enclave al que nos referimos, fue utilizado por los nazis en múltiples ocasiones como improvisado basurero secreto aprovechando sus gélidas aguas, prácticamente incompatibles con la vida, y sus más de 110 metros de profundidad. Testimonios recogidos hasta la fecha, así lo verifican. Es el caso del de Ida Weisenbacher, una granjera austriaca que en una fría noche de abril de 1945, con sólo 21 años, recibió una inesperada visita en su propio domicilio. Tal y como ella misma ha manifestado:

“Eran aproximadamente las cinco de la mañana, aún estábamos en la cama, cuando un fuerte golpe en la puerta hizo que me desvaneciera de mi placido sueño. Me levanté inmediatamente y tras abrir la puerta se me heló la sangre. Al otro lado un grupo de oficiales alemanes me apremiaba para que preparara los carros y caballos que a buen seguro habían visto antes en los establos”. “Un hombre, al que reconocí con el rango de comandante, me ordenó que traspasáramos unas pesadas cajas de madera, señaladas y numeradas con pintura negra, desde los camiones a los carros y que las lleváramos tan rápido como fuera posible al lago Toplitzsee. Creo haber realizado tres viajes de cargamento hasta el lago y cuando llegaba con la última carga vi algo que me dejó desconcertada. Los soldados arrojaban a las profundidades del lago todas y cada una de las cajas que con tanto esfuerzo habíamos llevado hasta allí. El comandante de las SS inmediatamente me alejó del lugar, pero pude ver cómo las cajas se hundían en el agua produciendo una oleada de espuma y burbujas”.

El contenido de estas cajas, aún a día de hoy sigue siendo un misterio. Sin embargo, investigaciones recientes certifican el hecho de que los nazis pudieron acudir en más de una ocasión hasta este enclave a fin de hacer desaparecer algunos objetos de valor en la época. El testimonio de Adolf Burger, recogido por la CBS en el año 2000, pone de manifiesto que en abril de 1945, los alemanes vertieron una serie de “paquetes” al lago con motivo de la conocida como “Operación Krüger”.

El fin de esta operación era sencillo: poner en circulación ingentes cantidades de dinero falsificado de las principales potencias aliadas con el fin de provocar una inflación que minase sus economías y, de paso, costease las ayudas para la guerra. Para ello, bajo la dirección de Heinrich Himmler, se mandó agrupar a los mejores grabadores, encuadernadores y copiadores judíos que se encontraban retenidos en los campos de concentración; y conducirlos a Berlín. Uno de estos maestros copiadores era, precisamente, Adolf Burger, cuyo relato subraya la autenticidad de este plan secreto:

“A principios de 1945 las copias de moneda Británica y Estadounidense se habían perfeccionado tanto que ya estábamos preparados para comenzar a imprimir los primeros millones diarios. Sin embargo, el 25 de febrero de 1945 llego una orden de la Oficina Central de Seguridad del tercer Reich que nos obligaba a desmantelar toda la maquinaria y a empaquetar los billetes falsificados. Al parecer los rusos estaban a 300km de Berlín”.

En efecto, el avance de los aliados había cercado la región y, por orden de Himmler, la instalación fue demolida. Las prensas, troqueles y planchas fueron arrojados a las profundidades del lago Toplitz, los archivos y el papel sobrante fueron destruidos y el dinero embalado fue cargado en unos camiones con paradero desconocido. Posteriormente, un espía alemán fue interceptado en Edimburgo con una gran cantidad de estos billetes falsificados. Tras su confesión, el Banco de Inglaterra puso en circulación una nueva tirada de divisas de renovado diseño a fin de frenar el descalabro que habría supuesto para su hacienda la puesta en funcionamiento del plan de Hitler.

Es posible que enlazar los testimonios aquí expuestos sea un tanto aventurado, si bien, de tratarse de una casualidad, es innegable que las coincidencias son sorprendentes. En cualquier caso, muchas investigaciones fallidas en el lugar y algún que otro buceador muerto en la búsqueda de las extrañas cajas, alimentan la ya de por sí controvertida y romántica leyenda del tesoro sumergido.

La Historia de la humanidad está llena de ejemplos como los que hemos visto en las líneas anteriores. No ya en lo referente a los vergonzosos episodios ocurridos en Europa durante la primera mitad del siglo XX, sino más bien en lo tocante a la infinita proliferación de verdades incontrastables que, en muchos casos, más que esclarecer los acontecimientos, sirven para todo lo contrario. Es, quizá, el gran Everest de los historiadores. Esperemos que el camino, aunque lento e incierto, les permita algún día llegar a pisar la cumbre.

“Historia es, desde luego, exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es exactamente lo que sucedió.”

Enrique Jardiel Poncela